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6 de septiembre de 2024

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Semillas trasngenicas en Bolvia

La introducción de cultivos genéticamente modificados (GM) en Bolivia ha generado un debate encendido. Los defensores argumentan que estas tecnologías son esenciales para aumentar la productividad agrícola y enfrentar las crisis económicas y climáticas que azotan al país. Sin embargo, más allá del optimismo, es fundamental examinar de manera crítica si estas promesas son realistas o si estamos ante una solución aparente que podría tener consecuencias negativas a largo plazo.

La adopción de cultivos GM en otros países de América Latina, donde la mayor parte de estos cultivos se concentran en cuatro productos: soya, maíz, canola y algodón; y los principales productores son Estados Unidos, Brasil, Argentina, India y Canadá. ha mostrado resultados mixtos. Por ejemplo, en Argentina y Brasil, el maíz y la soya transgénicos han aumentado los rendimientos agrícolas en ciertos contextos, pero estos beneficios no han sido uniformes.

  • El rendimiento agrícola que ofrece la soya no modificada se estima en un aumento significativo, que si se extrapola a la experiencia Brasilera puede alcanzar el 40%.
  • Aunque Fundación Tierra indica que a pesar del uso del maíz Bt en Santa Cruz, los rendimientos y niveles de producción no han mejorado significativamente en los últimos cinco años.
  • En este sentido, el uso intensivo de herbicidas como el glifosato, ha sido vinculado a graves problemas de salud y medioambientales  .

Otro punto de preocupación es la dependencia económica y tecnológica que estos cultivos pueden generar. Las semillas GM son generalmente propiedad de grandes corporaciones multinacionales, lo que crea una situación en la que los agricultores deben comprar semillas y agroquímicos a un monopolio, incrementando su vulnerabilidad. Además, esta dependencia puede limitar la soberanía alimentaria, un aspecto crucial para un país como Bolivia, donde la agricultura familiar y la biodiversidad juegan roles esenciales en la seguridad alimentaria.

En este contexto, Bolivia debería considerar enfoques alternativos que fortalezcan la agricultura sostenible y resiliente. El fomento de prácticas agroecológicas, que combinan el conocimiento tradicional con innovaciones científicas, podría ser una solución más adecuada para enfrentar los desafíos actuales. Estos enfoques no solo protegen la biodiversidad, sino que también empoderan a las comunidades locales y mejoran su resiliencia frente al cambio climático .

En resumen, mientras que los transgénicos ofrecen una solución tentadora a los problemas agrícolas y económicos de Bolivia, es crucial que el país evalúe cuidadosamente las consecuencias a largo plazo. La historia de la agricultura industrial en otras partes del mundo sugiere que la dependencia de cultivos GM podría llevar a problemas más graves, y es esencial que Bolivia explore alternativas más sostenibles y equitativas antes de comprometerse con este camino.

21 de septiembre de 2023

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Organización y liderazgo aymara de Esteban Ticona

Organización y liderazgo aymara

El libro "Organización y liderazgo aymara" de Esteban Ticona analiza la experiencia de los líderes indígenas aymaras en la política boliviana durante el periodo de 1979 a 1996. El estudio se enfoca en tres casos de estudio específicos: Jenaro Flores Santos, Juan de la Cruz Villca Choque y Paulino Guarachi Huanca.

Estos líderes fueron capaces de desempeñar un papel importante en la política boliviana al utilizar sus tradiciones culturales aymaras. El libro muestra cómo utilizaron su conocimiento del sistema ayllu, las formas tradicionales de liderazgo y la espiritualidad andina para establecer organizaciones sólidas y movilizar apoyo por sus causas.

Este liderazgo se enfrentó a algunos de los desafíos, entre ellos se incluyen:

  1. Falta de representación: Los líderes aymaras tuvieron que enfrentar la falta de representación de los pueblos indígenas en la política boliviana. A menudo eran ignorados o marginados en la toma de decisiones políticas.
  2. Discriminación: Los líderes aymaras también enfrentaron discriminación y racismo en la sociedad boliviana. Frecuentemente se les negaba acceso a la educación y a empleos mejor remunerados debido a su origen étnico.
  3. Falta de recursos: Los líderes aymaras tuvieron que lidiar con la escasez de recursos para llevar a cabo sus actividades políticas y sociales. Muchas veces tuvieron que depender de donaciones y apoyo de organizaciones internacionales para financiar sus proyectos.
  4. Represión política: Los líderes aymaras también enfrentaron represión política por parte del gobierno boliviano. Frecuentemente eran perseguidos y encarcelados debido a sus actividades políticas y sociales.
  5. Falta de unidad: Los líderes aymaras también tuvieron que enfrentar desafíos relacionados con la falta de unidad entre los pueblos indígenas de Bolivia. A menudo existían divisiones entre los diferentes grupos indígenas, lo cual dificultaba la lucha por los derechos de los pueblos indígenas.

Ticona cuenta como se superaron estos desafíos al formar alianzas con otros movimientos sociales y al inspirar y motivar a sus seguidores a través de sus tradiciones culturales.

Espero que esto sea suficiente para que se animen a leer el libro.

20 de febrero de 2023

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Ramiro Condarco Morales y John Victor Murra

En la historia de la antropología boliviana, se han dado casos de contribuciones notables de investigadores independientes y de personalidades que han marcado una diferencia en su campo de estudio. Uno de ellos es Ramiro Condarco Morales, quien ha sido admirado y respetado por John Murra desde los años setenta.

Murra, junto con otros colegas, facilitó el contacto entre Condarco y Kevin Healy, su antiguo alumno en Cornell. En su edición se incluyó una primera apreciación etnológica de Murra, que después fue notablemente ampliada en un artículo de 1968. En este texto, Murra destacó la existencia de "indios ricos" en Bolivia, a pesar de la economía deteriorada del país después de 35 años de régimen colonial.


El panorama multiétnico en los valles maiceros de Cochabamba fue objeto de un pleito con Polo de Ondegardo y fue analizado por Nathan Wachtel. Además, la visita de Pocona, junto al centro administrativo de Inkallaqta, también en los valles de Cochabamba, fue un hito importante en el estudio de la antropología en Bolivia.

El departamento de Puno, Perú, también ha sido objeto de estudios notables en la antropología. La primera visita de John Murra a este lugar parece haber sido en 1973, cuando organizó y participó en un taller rodante internacional principalmente de arqueólogos y antropólogos. La economía de los pueblos Aymara en la Colonia temprana se basaba principalmente en sus ganados, pero también en la complementación con mitmakuna (mitimaes, colonos) desde los distantes valles del Pacífico hasta los de Larecaja y Yungas.

Xavier preparó el volumen colectivo Raíces de América: el Mundo Aymara en permanente contacto con John. Estos jóvenes inquietos buscaban con frecuencia a Murra en el MUSEF y le invitaban a sus casas para tertuliar y apropiarse para su causa de todo lo que John les iba contando. En un plano ya personal, también en esos años Xavier preparó el volumen colectivo Raíces de América: el Mundo Aymara en permanente contacto con John.

15 de febrero de 2023

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Xavier Albó y la Interculturalidad


La interculturalidad es un concepto clave para entender la diversidad cultural en nuestro mundo globalizado. Según Xavier Albó, la interculturalidad se refiere a las actitudes y relaciones entre personas o grupos de diferentes culturas. Él cree que ser bicultural es una ventaja, pero no es esencial para lograr una comprensión intercultural profunda. Las relaciones interculturales existen simplemente cuando dos o más culturas se relacionan entre sí.

Albó ha investigado profundamente las áreas indígenas de Bolivia y ha escrito extensamente sobre el tema de la interculturalidad. En sus estudios, él ha encontrado que la interculturalidad es un proceso dinámico y en constante evolución. Es una relación en la que las culturas se influencian mutuamente y en la que las personas pueden adoptar elementos de otras culturas y hacerlos propios.

Sin embargo, la interculturalidad no siempre es fácil de lograr. A menudo, las barreras lingüísticas, culturales y sociales pueden impedir la comunicación efectiva y la comprensión intercultural. Además, la historia de conflictos y desigualdades entre culturas también puede crear tensiones y desconfianza en las relaciones interculturales.

Para superar estos desafíos, es importante fomentar una actitud positiva hacia la diversidad cultural y aprender sobre otras culturas. Esto puede incluir la práctica de lenguas extranjeras, la exploración de arte, música y literatura de otras culturas, y la participación en eventos culturales y festivales. También es crucial escuchar y respetar las opiniones y perspectivas de otras culturas, y trabajar juntos para abordar desafíos comunes.

De esa forma, la interculturalidad es un proceso en constante evolución que puede ser desafiante, pero también esencial para construir relaciones saludables y comprensivas entre culturas diferentes. Como seres humanos, tenemos la responsabilidad de aprender sobre otras culturas y trabajar juntos para construir un futuro más inclusivo y comprensivo. Siguiendo los consejos de Xavier Albó, podemos hacer un esfuerzo consciente para lograr una verdadera interculturalidad y un mundo más unido. 

13 de febrero de 2023

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Xavier Albó, antropólogo y lingüista fallece

El antropólogo español Xavier Albó, quien también era un sacerdote jesuita, falleció tristemente el 21 de enero de 2023 en Cochabamba, Bolivia. Tenía 88 años y falleció debido a complicaciones en su salud.

Xavier Albó era una figura influyente en el mundo académico y religioso, conocido por su trabajo en antropología y su compromiso con las comunidades indígenas de Bolivia. Su carrera y contribuciones a la comprensión de la diversidad cultural dejaron un legado duradero.

Este triste fallecimiento es una pérdida para la comunidad académica y religiosa. Los colegas, amigos y seguidores de Xavier Albó lo recordarán por su dedicación y su pasión por el conocimiento y la comprensión de las culturas humanas.

Descanse en paz, Xavier Albó. Su legado y su influencia en la antropología y la comprensión de la diversidad cultural vivirán para siempre. 



Xavier Albo en el 17 de enero de 1978 contra el Gobierno Dictatorial de Hugo Banzer

13 de diciembre de 2022

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Chile vs Bolivia, un acercamiento Antropologico

La disputa entre Chile y Bolivia por el acceso al mar es un conflicto que pone en evidencia las diferencias culturales y las desigualdades entre ambos países. La pérdida del acceso al mar para Bolivia ha tenido un impacto profundo en su cultura y su economía, ya que ha limitado su capacidad para desarrollar actividades marítimas y comerciales.


Grupo de Aymaras en el norte de Chile


Para las comunidades indígenas de Bolivia, el acceso al mar es un elemento fundamental de su cosmovisión y su identidad. La negación de este acceso por parte de Chile representa una forma de violencia simbólica que atenta contra su cultura y su dignidad. La antropología indigenista ha destacado la importancia de proteger y promover las culturas indígenas, y en este caso, el derecho de Bolivia a tener un acceso soberano al mar.

En términos más generales, la disputa entre Chile y Bolivia por el acceso al mar también refleja las desigualdades económicas y políticas entre ambos países. Chile es una potencia regional con una economía desarrollada y una influencia internacional, mientras que Bolivia es uno de los países con índice IDH más bajos de la región. La negativa de Chile a negociar una salida al mar para Bolivia puede verse como una forma de ejercer su poder económico y político en detrimento de un país más débil.

La solución a este conflicto debería buscar un equilibrio entre los intereses de ambas partes y respetar la diversidad cultural de la región. Esto implicaría reconocer el derecho de las comunidades indígenas de Bolivia a tener un acceso soberano al mar, pero también considerar las necesidades y preocupaciones de Chile en cuanto a su soberanía y su integridad

12 de diciembre de 2022

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El problema entre Chile y Bolivia sobre el mar.

En los siguientes artículos, se hará un análisis del conflicto entre Bolivia y Chile, pero primero un resumen. 

La disputa entre Chile y Bolivia por el acceso al mar es un conflicto histórico que se remonta a la época colonial. Desde la independencia de ambos países en el siglo XIX, Bolivia ha reclamado un acceso soberano al mar, ya que perdió su costa en la Guerra del Pacífico (1879-1883) ante Chile. Sin embargo, Chile se ha negado a negociar una salida al mar para Bolivia, argumentando que el tratado de paz firmado en 1904 establece claramente las fronteras entre ambos países.

En 2011, Bolivia presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ) para exigir que se le reconozca el derecho a un acceso soberano al mar. La CIJ emitió un fallo en 2018, en el que se establece que Chile tiene la obligación de negociar de buena fe un acceso al mar para Bolivia. Sin embargo, hasta la fecha, Chile se ha negado a cumplir con este fallo y no ha iniciado negociaciones con Bolivia, aunque no se especifica las consecuencias de no comenzar el diálogo.

La disputa entre Chile y Bolivia por el acceso al mar es un conflicto que sigue en pie y que ha generado tensión entre ambos países. La posición de Chile de no negociar una salida al mar para Bolivia ha sido criticada por diversas organizaciones internacionales y por otros países de la región. Se espera que en el futuro se encuentre una solución justa y equitativa que permita a Bolivia recuperar su acceso soberano al mar.

29 de octubre de 2015

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Declaran Patrimonio Cultural a la cueca boliviana

Foto de Eli Duarte

El pleno de la Cámara de Senadores (Bolivia) sancionó el martes (27/10/2015) el Proyecto de Ley que declara a la cueca boliviana como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia.

La norma, que consta en total de dos artículos, establece, además, como Día Nacional de la Cueca Boliviana al primer domingo de octubre de cada año.
Según una nota de prensa  del Senado, la cueca se destaca "por la diversidad de sus expresiones musicales, poéticas, coreográficas y de indumentaria, para la salvaguardia de los valores culturales, tradicionales y populares, que le otorgan identidad nacional”.
La iniciativa de la declaratoria del Día de la Cueca Boliviana y su reconocimiento  como Danza Nacional fue promovida durante este año por el destacado compositor boliviano Willy Claure.
El 10 de junio, el artista hizo entrega de una carta que contenía esta solicitud, dirigida a Evo Morales. "Estoy seguro que esta acción favorecerá y enriquecerá ampliamente el patrimonio cultural de nuestra nación”, indicó en esa misiva.
En el documento, el cantante también sostuvo: "Comparativamente con las cuecas de otros países, la cueca boliviana tiene una forma y estructura particularmente única; por tanto, considero importante que el Estado debe proteger y salvaguardar esta bella manifestación cultural declarándola oficialmente como ‘Danza Nacional’”, se lee en la carta.
La semana pasada, Claure, quien reside en Suiza, comentó, en una presentación que tuvo en La Paz, que faltaban pocos días para la aprobación, y  dijo:  "Falta solamente la firma del señor Presidente y pienso que lo vamos a lograr”.
El 23 de julio, la Asamblea Legislativa Departamental de Cochabamba declaró a la cueca como Patrimonio Cultural, Musical, Poético y Coreográfico de esa región.
Claure sugirió fomentar e impulsar la enseñanza, divulgación, promoción e investigación de los valores musicales y coreográficos de la cueca.

 

Fuente: http://www.paginasiete.bo/cultura/2015/10/29/declaran-patrimonio-cultural-cueca-boliviana-75093.html

13 de noviembre de 2014

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La Diablada no es parte de la fiesta de Puno. Patrimonio Unesco

Foto: https://www.facebook.com/folgamaEl patrimonio por lo general es aquello que nos representa, que nos identifica, pero también es lo que heredamos a las futuras generaciones, en ese sentido el patrimonio es una construcción continua de signos y significados, uno de estos signos es la danza de la Diablada, que para el pueblo boliviano es la icónica representación del carnaval de Oruro, declarada Obra maestra del Patrimonio oral e intangible de la Humanidad el año 2001, y una vez ratificada la convención del 2003 es inscrita a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la humanidad.

En estos últimos días ha especulado mucho sobre el origen de la danza, tratando de definir si la danza es chilena, peruana o boliviana. En el marco de la Novena Reunión del Comité Intergubernamental de la Convencion de la Unesco de Salvaguardia del Patrimonio Cultural e Inamterial, a realizarse entre el 24 y 28 de noviembre de 2014, se analizará el informe sobre la candidatura de la “Festivity of Virgen de la Candelaria of Puno” también llamada, “La fête de la Virgen de la Candelaria de Puno”.

Para centrarnos en el tema de la Diablada es preciso aclarar que el gobierno peruano no ha declarado dentro de su inventario del patrimonio inmaterial que dicha danza sea parte del acervo cultural protegido. Por lo tanto la Diablada no es parte de las danzas de procesión y la Festividad de la Virgen de Candelaria de Puno, por lo menos dentro de los escuetos documentos presentados como parte de su expediente de declaratoria.

Entonces desde el punto de vista oficial la Diablada no es parte esencial de la festividad, en el mejor de los casos sólo es un elemento no representativo, aunque en su vídeo de postulación sea uno de los de mayor impacto visual. Si bien el expediente de postulación es muy general, trata de resumir del mejor modo posible cuales son los elementos fundamentales para que dicha expresión cultural deba ser reconocida como un ejemplo de la diversidad cultural mundial.

El que la Diablada no esté registrada, por lo menos en los documentos oficiales no significa que en el futuro pueda estarlo, y este es el punto de la cuestión. Cuáles son los elementos y contextos que se describirán en el registro posible de la Diablada como parte fundamental de la festividad de la virgen de Candelaria.

En fin, por el momento es solo especulación, aunque en el Diaporama se presentan fotografías de la danza de la Morenada, no existe ninguna de la danza de la Diablada, entonces los fervientes reclamos de diversos colectivos bolivianos sobre el tema no están fundados, aunque también no puede negarse que los esfuerzos académicos y pseudo académicos de Perú por demostrar que los orígenes de la Diablada son puneños son por demás raquíticos.

Para terminar os dejo con tres vídeos, el primero de ellos una patética explicación a modo de registro de patrimonio inmaterial que trata de demostrar que la danza tantas veces citada es de origen puneño. El segundo vídeo es un reportaje de Iquique Televisión sobre las influencias de la Diablada de Oruro en el carnaval de La Tirana (Chile), el tercero es el video oficial que el gobierno peruano adjunta al expediente de postulación ante la Unesco.

Un patético intento peruano

Un reportaje donde califican al Carnaval de Oruro como la Madre de todas las Fiestas. Iquique Televisión

La Festividad de la Virgen de la Candelaria. Video oficial de la postulación ante la Unesco

30 de septiembre de 2014

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A memoria de Josep Barnadas

Josep BarnadasEl historiador, archivista y bolivianista Josep Barnadas, fallecido el pasado viernes en la ciudad de Cochabamba, tuvo un invaluable aporte a la historia colonial del país y a la investigación histórica por su descubrimiento de importantes fuentes documentales, según historiadoras e intelectuales del país.

Al margen de las más de 60 trabajos académicos, Josep Barnadas dejó obras clave que ilustran su aporte intelectual: “Charcas, 1535-1565. Orígenes históricos de una sociedad colonial” (1973), los dos tomos del “Diccionario histórico de Bolivia” (2002) y los dos tomos de “Bibliotheca Boliviana Antiqva. Impresos coloniales (1534-1825)” (2008). La historiadora Ana María Lema considera que, por sus investigaciones y por la identificación de fuentes de investigación histórica, Barnadas hizo un aporte invaluable al campo académico en el país.

La directora del Museo de Historia de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), Paula Peña, coincidió con ese criterio calificando la obra “Charcas (…)” como fundamental para entender el pasado colonial y valorando su recuperación de documentos coloniales determinantes para la reconstrucción histórica.

“Tuve la suerte de presentar varios de sus libros en Santa Cruz, el último fue sobre los catalanes en Bolivia, que también es un aporte importante no solo por la información acerca de la presencia catalana sino por la contribución de los catalanes a la historia boliviana desde el mundo colonial. Valoro sus obras, creo que ‘Charcas (…)’ marca un antes y un después en entender la historia de Charcas, para mí que me dedico a la historia de Santa Cruz es fundamental”, dijo Peña Claros.

“Charcas…” estudia los orígenes de la sociedad boliviana; el “Diccionario…” reúne más de 3.800 artículos sobre Bolivia en dos volúmenes; y la “Bibliotheca…” resume la producción bibliográfica relacionada con el país durante el periodo colonial (1534-1825), y se constituye en una referencia documental para orientar nuevas investigaciones. Lema explica que el historiador era poseedor de un estilo de trabajo minucioso y riguroso, incluso en el proceso de escritura porque era capaz de indagar hasta encontrar la palabra adecuada para expresar lo que quería decir con exactitud.

Al igual que ambas historiadoras, el sociólogo Fernando Mayorga calificó al deceso de Barnadas como una “gran pérdida para la comunidad académica y para la comunidad intelectual del país, sobre todo para los involucrados en la investigación histórica”. Barnadas sucedió a Gunnar Mendoza en la dirección del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia, y desde ese lugar también se dedicó a editar fuentes históricas.

Fuente:Periódico Digital PIEB • 29-09-2014

30 de julio de 2014

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Simposio: Patrimonio cultural y Desarrollo en América Latina

II CONGRESO PLURINACIONAL DE ANTROPOLOGÍAEn el marco del II CONGRESO PLURINACIONAL DE ANTROPOLOGÍA, a realizarse entre 22 al 26 de septiembre 2014 La Paz, Bolivia, en el Museo de Etnografía y Folclore, se desarrollara la Mesa ”Patrimonio cultural y Desarrollo en América Latina” los días 23 y 24 de septiembre.

El patrimonio cultural es el legado de los procesos socioculturales de cada grupo, que hemos heredado y asumido como propio a lo largo del tiempo. En este derrotero, el Estado, la academia, la ciudadanía y los diferentes actores, tienen una constante relación con él, transformándolo, manteniéndolo o en su defecto dejándolo en el olvido. Algunos opinan que existe una “obligación moral de preservarlo y salvaguardarlo para las futuras generaciones”, otros opinan que “lo cultural” no permite acceder a la “modernización”, y otros simplemente no ponderan estas discusiones y se dedican a sus cotidianas preocupaciones. Sin embargo, no se puede negar, que nuestra herencia cultural está presente en nuestras acciones y muestra de ello es la necesidad de su consideración y articulación en el debate de una adecuada calidad de vida de las comunidades que detentan/viven el patrimonio cultural.

Es por ello que Antropología Radio Podcats y PachaKamani, ambos emprendimientos digitales para la divulgación e investigación de las ciencias sociales y humanas, se propusieron el reto de organizar una Mesa de Debate referente al Patrimonio cultural (Inmaterial) y el Desarrollo en América Latina, dentro del segundo Congreso Plurinacional de Antropología.

EJES TEMÁTICOS

1. Registro, investigación y difusión del Patrimonio cultural Inmaterial

Que tratara de responder las siguientes preguntas orientativas para el caso son:

  • ¿Qué se registra del (Patrimonio Cultural Inmaterial) PCI y para qué?
    ¿Quiénes son los encargados de realizar los registros del patrimonio cultural inmaterial?
  • ¿Cómo participan las comunidades en el proceso de registro e investigación?
  • ¿Tienen alguna utilidad práctica los registros e investigaciones para la elaboración de los planes o proyectos de salvaguardia?
  • ¿Se realiza una adecuada difusión de la información obtenida?
  • ¿Qué se difunde del PCI?
  • ¿Existen los recursos necesarios para la realización de registros, investigación y la difusión?
  • ¿Existen profesionales que puedan realizar el registro, investigación y la difusión?

2. Gestión de Patrimonio cultural (Inmaterial)

En el marco de las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál es la articulación normativa dentro de los países latinoamericanos, con referencia a la gestión del patrimonio cultural (inmaterial)?
  • ¿Cuál es la influencia de las convenciones de la Unesco (1970, 1972, 2003, 2005, entre otras) en la gestión del patrimonio cultural?
  • ¿Qué instancias son las encargadas de realizar la gestión del patrimonio cultural en los países americanos? ¿Cuál es su incidencia en el desarrollo?
  • ¿Existe el involucramiento de la academia en la formulación de los planes de gestión del patrimonio?

3. Políticas públicas referidas al Patrimonio cultural (Inmaterial)

Y las preguntas base serian:

  • ¿Cuál es la importancia de las políticas públicas para el patrimonio cultural (Inmaterial)?
  • ¿Qué corrientes, teorías y métodos de desarrollo se vinculan con estas políticas?
  • ¿En qué medida la academia es parte de la aplicación y/o re-formulación de las políticas públicas encargadas del patrimonio cultural?

Mayor información sobre como participar en: Segunda Circular: II Congreso Plurinacional de Antropología: Desarrollo, Interacción y Flujo de Antropologías en Bolivia

18 de junio de 2014

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Potosí en la lista de Patrimonio Mundial en Peligro

Copyright: © Martin St. AmantLa Resolución del Comité de Patrimonio Mundial reunido en Doha (Qatar) inscribe a la ciudad de Potosí (Estado Plurinacional de Bolivia) en la lista de Patrimonio Mundial en Peligro, debido a la continua actividad minera en el Cerro Rico.

La decisión de la Unesco indica que la degradación del sitio histórico y natural, a causa de las operaciones mineros pone en riesgo la estabilidad estructural, dando pie a un posible colapso del cerro, debido a la ineficaz aplicación de la legislación de protección. Además alerta sobre los impactos ambientales del complejo que atentan contra la legado histórico dela ciudad y el mundo.

La 38 ª reunión del Comité del Patrimonio Mundial comenzó el 15 de junio y continuará hasta el 25 de junio bajo la Presidencia de Sheikha Al Mayassa Bint Hamad Bin Khalifa Al Thani.

Más información en http://whc.unesco.org/

23 de febrero de 2013

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Refutación a Silvia Rivera

Silvia Rivera

Por: Fernando Molina (Periodista y escritor)

Según el autor, el pensamiento indianista de Rivera es un calco, puesto al revés, del eurocentrismo.

Si Silvia Rivera[1] desarrollara lógi­camente su pensamiento, tendría que plantear la desaparición de una de las dos "repúblicas" en las que separa a la población boliviana, re­pitiendo la división colonial que segre­gaba a los indios, por un lado, y a los españoles y criollos, por el otro. Esta eliminación, o, para no decirlo de una forma tan terminante, esta superación de la "casta mestiza" a fin de liberar a las mayorías indígenas de una opresión permanente y darle otro destino al país, se desprende de la filosofía política que Rivera defiende, según la cual:

a) Los indios tienen el más antiguo -y por tanto el mejor- derecho de vivir en este territorio.

b) Ellos son, cuando gozan de au­tonomía, portadores de una civilización mejor adaptada a los ecosistemas locales, menos codiciosa, más igualitaria y me­nos aberrante social y ambientalmente que la capitalista, y por tanto -aunque esta palabra no se mencione- una civili­zación superior.

c) Ellos son la mayoría de la pobla­ción, pero han sido gobernados por una minoritaria "casta mestiza" que se les ha impuesto a sangre y fuego, en unos ca­sos, y por medio de la simulación y el engaño, en otros. De cualquier forma, el único gobierno legítimo de Bolivia sería el constituido por el bloque mayoritario, el cual puede incluir a quienes tengan origen indígena aunque se hallen fuera de la cultura originaria (los "cholos"), y a quienes, sin tener ese origen, se identifi­quen completamente con "el paradigma que encarnan los indígenas", puesto que descubren a "la india y el salvaje que to­dos tenemos en nuestro interior".

d) La "casta mestiza" está siempre maquinando en contra de la mayoría in­dígena y cuando le ofrece concesiones y derechos lo hace para timarla con pala­bras de conciliación que nada significan, aunque puedan llevar a algunos indíge­nas y cholos a salirse de su "república" y sumarse a la ajena, es decir, a traicionar a su etnia.

e) El engaño más efectivo y carac­terístico de la "casta mestiza" a los in­dígenas es el nacionalismo desarrollista, que promete convertirlos en "mestizos" (durante la Revolución Nacional) o en "bolivianos" (desde los años sesenta), es decir, desclasarlos, arrebatarles sus valores ancestrales (su especial relación con la naturaleza, sus antiguas formas de organización política), a cambio de una muy dudosa incorporación a la mo­dernidad mediante la urbanización, la maquinización agrícola y la construc­ción de infraestructura -señaladamen­te, de carreteras-; incorporación que al final no se verifica o, en todo caso, no cambia las brutales condiciones de vida que siempre han tenido los indios. (Ri­vera no reconoce que se haya produci­do ninguna mejoría en ellas). Muchos indígenas caen en este engaño -como, por ejemplo, dos líderes históricos del indianismo katarista, Genaro Flores y Felipe Quispe, amantes de los tractores-y luchan por más modernidad, lo que constituye "un problema estructural" del movimiento indígena. Sin embargo, según Rivera, lo que en realidad buscan las luchas indígenas que plantean reivin­dicaciones modernizadoras es "ciuda-danización", es decir, reconocimiento y participación en el mercado y la política. Por tanto, también estas luchas econó­micas pueden considerarse luchas cultu­rales, luchas contra el colonialismo ejer­cido por los mestizos, por obra del cual se excluye a los indígenas de la vida co­lectiva. Esta definición permite a Rivera incorporar las luchas modernizadoras de los habitantes rurales al movimiento general de "descolonización", que ella considera el motor de la historia indíge­na; aunque, objetivamente, estas luchas, cuando triunfan, lleven agua al molino del capitalismo y esto debilite a la "re­pública india", disminuyendo su número de miembros en la misma cantidad que la que se enrola, total o parcialmente, en la dinámica capitalista, convirtiéndose así en "cholos". Sin embargo, los "cho­los", puesto que tienen un origen indí­gena, pueden actuar y actúan de hecho junto a los indígenas en los grandes mo­mentos de rebelión. De este modo, en ambos casos (cuando valida las reivindi­caciones modernizadoras indígenas eti­quetándolas como "descolonizadoras" y cuando sostiene que en los momentos álgidos los indios modernizados, o "cho­los", actúan primero que nada como in­dios), Rivera hace afirmaciones idealistas, en el sentido filosófico del término. Esto es, pone los conceptos por encima de las realidades. El idealismo le sirve como un mecanismo ad hoc para conseguir meter la realidad en el esquema ideológico que profesa. Ahora bien, en los peores ca­sos, cuando definitivamente la realidad no cabe en su esquema, la autora apela a una otra explicación: dice que los pro­pios indígenas pueden actuar como ele­mentos colonizados, es decir, en contra de su propia naturaleza.

f) Los movimientos políticos revo­lucionarios movilizan a la mayoría de la población y ésta es indígena. Por tanto, deberían rematar en la formación de un gobierno indígena, pero esto no ocurre porque los mestizos escamotean el triun­fo revolucionario y perpetúan, izando banderas izquierdistas, el colonialismo interno. Así fue durante la Revolución Nacional y también durante el "proceso de cambio" dirigido por Evo Morales. En 2003, Morales y su partido (un conjunto de sindicatos campesinos y, por tanto, un partido mayoritariamente indígena-cho­lo) parecía portar el ideal del gobierno indio y la emancipación de la república india. Pero, en 2013, ya ha quedado cla­ro que Morales no es más que un indio colonizado por el viejo engaño nacional-desarrollista, que apuesta a las carreteras, las obras, la repartija de favores y bienes con propósitos clientelistas, por los tru­cos electorales, en fin, por todo el reper­torio con que los mestizos siempre han oprimido, amordazado y entontecido a los indígenas. El viraje de Evo es anti­natura, porque va contra su condición ét­nica, pero se explica por la obra destruc­tora de los mestizos que lo rodean (sus inmediatos colaboradores). Puesto que son unos "acomplejados", han adoptado un pensamiento ajeno (nacional-desa-rrollista, que imita a Venezuela y Brasil), un pensamiento que le da las espaldas a la razón india, la cual es emoción, com­promiso con el suelo en el que se nació ("en guaraní -dice Silvia Rivera-, pensar es sentir con el hígado").

Basta describir la filosofía políti­ca de Rivera de esta forma esquemáti­ca -que intenta no violentarla, pero la despoja de la retórica (memorias "corta y larga", etc.)-, para que todo lector con criterio independiente vea que se trata de una filosofía racista, que construye dos realidades étnicas[2] otorgándoles atributos fijos. Los indígenas heredan los atributos propios del "buen salvaje" inventado por Europa inmediatamente después de 1492, esos que los convier­ten en la alternativa a la prostituida mo­dernidad occidental; y los mestizos asu­men aquellos que tradicionalmente ha asignado a las élites bolivianas el pen­samiento revolucionario: malinchismo, odio a lo propio, venalidad, incapacidad de hacer algún bien, codicia incontrola­ble. Si la polaridad fuera "élites" versus "pueblo", este maniqueísmo no tendría nada de particular; lo peculiar en el discurso que estamos analizando se en­cuentra en su abierta etnización. Rivera sostiene que los vicios de las élites se repiten en las cúpulas rebeldes cuando éstas son dirigidas por mestizos, o que los indígenas se vuelcan en contra de su origen por la mala influencia de los mestizos. Al mismo tiempo, señala que los indígenas encarnan un "paradigma" con tal valor que todos los demás bo­livianos deben identificarse comple­tamente con él, ya que cualquier otra

clase de simpatía, que implique una aceptación sólo parcial de los valores indígenas, o un enfoque multicultural, significaría imitar a los "misioneros" que en el pasado se acordaron del indio porque sentían piedad por él, o porque así podían engatusarlo mejor.

Así, Silvia Rivera, que comienza de­nunciando el eurocentrismo como pré­dica y práctica negadoras de la diversidad humana, termina repitiendo sus vicios, al unir inextricablemente la condición mestiza, por un lado, y un conjunto de antivalores que el país debe superar, por el otro. Implícitamente plantea, por tan­to, la tarea de eliminar tal condición, de deshacerse de la república mestiza, quizá no físicamente, pero sí en todos los de­más planos, tal como los eurocentristas querían eliminar -simbólica y a veces físicamente- a los "salvajes" del mundo. Su llamado a una identificación con "la india o el salvaje que todos tenemos en nuestro interior" es un llamado homoge-neizador que pretende que una determi­nada identidad -así ésta sea la oprimi­da- es superior. Por tanto, es un llamado idéntico, aunque simétricamente opues­to, al que en el siglo XIX hicieron los in­telectuales positivistas, cuando pidieron convertir a los indios en blancos por medio de medidas educativas e higiéni­cas. Por supuesto, tampoco entonces tal conversión se concibió como un proce­so material, sino como un alineamiento espiritual de los bolivianos broncíneos con el "paradigma" blanco. Tal como se nos propone de nuevo ahora, sólo que al revés.

Al pasar del eurocentrismo al in-dio-centrismo, como hace Rivera, cam­bia el sujeto de la exaltación, pero no la base lógica de ésta: la suposición de que determinados hechos antropológicos (creencias, costumbres, tipos de sociali­zación) transforman una raza -o, en los términos actuales, una etnia- en mejor que las demás.

La diferencia entre ambos racismos radica en el criterio que determina la superioridad étnica. Si para el eurocen-trismo éste era la capacidad sin disputa de los blancos para volverse civilizados y civilizar a los demás, es decir, su ca­pacidad modernizadora, para el indio-centrismo, en cambio, la superioridad indígena proviene de su capacidad para diferenciarse de, y para resistir, la mo­dernización.

En el fondo de todo, entonces, en­contramos un visceral rechazo a la mo­dernidad occidental, el cual, a su vez, se debe a una profunda identificación psi­cológica de la teoría con las víctimas del colonialismo europeo. El proceso men­tal es fácil de reconstruir: la inmersión en lo "salvaje" constituye un camino de purificación espiritual y política que conduce a quienes lo emprenden lejos de la Babilonia capitalista, pecadora y banal.

Esta versión del anti-modernis-mo (que también puede denominarse anti-capitalismo y, a la antigua, odio a la sociedad burguesa) se ha desarrolla­do, como es lógico, en los países post-coloniales, especialmente en la India, de donde provienen sus principales re­presentantes. Pero sus raíces, ¡ay!, son europeas. La lucha contra la moderni­zación burguesa surgió apenas ésta co­menzó a desplegarse sobre el mundo, tras las bayonetas de Napoleón. Ori­ginalmente, fue una reacción alemana que defendía el saber tradicional (la "sa­biduría" contra la "ciencia") contra la arrogancia ilustrada, la importancia de las culturas y las lenguas locales (la "cul­tura" contra la "civilización"), así como el amor al territorio y a las costumbres propias, amenazados por el cosmopoli­tismo francés. Son los mismos pilares sobre los que se asienta la obra de Silvia Rivera y, en general, la de los pensado­res postcoloniales.

De igual manera, pese a que el na­cionalismo desarrollista constituye algo así como su némesis, el indio-centrismo no puede evitar ser él mismo un nacio­nalismo -aunque no-desarrollista-, pues defiende una cultura local respec­to de una civilización globalizadora, y clama, como ya hemos visto que hace Rivera, por un "pensamiento propio". Esta dualidad respecto al nacionalismo impregna el análisis que hace Rivera de la Revolución Nacional de cierta ambi­güedad: por un lado, ésta se denuncia como un camino trunco hacia la libe­ración indígena; por el otro, se la con­sidera más seria y menos hipócrita que la gestión de Evo Morales, que buscaría repetirla "en clave de farsa". Y, frente a ambos procesos, Rivera se preocupa siempre de que su crítica "no le haga el juego a la derecha", es decir, no poten­cie las fuerzas del liberalismo cosmopo­lita. En propiedad, entonces, esta críti­ca forma parte de la pugna interna del nacionalismo boliviano actual, entre un sector más desarrollista y pragmático, que gobierna, y otro que se ha atinado a llamar, con una feliz expresión, "pacha-mamista", y cuya importancia política resulta más bien nula.

Por último, la deuda fundamental del indio-centrismo con el pensamien­to occidental es la adopción de lo que Isaiah Berlin llamó su "monismo", es decir, su confianza en que es posible encontrar un principio único que expli­que, primero, y que dé sentido, después, al mundo y a la historia. Esta es la gran ambición intelectual del occidente mo­noteísta. Su alternativa es el "pluralis­mo" y se podría esperar que el mismo encontrara un ambiente propicio en las corrientes que pretenden expresar a las culturas politeístas. Pero, muy a menu­do, ocurre todo lo contrario, como ilus­tra el caso de Rivera. Estas corrientes operan exactamente igual que todas las grandes ideologías provenientes de lo que Heidegger llamaría "el mundo de la técnica" y tratan también, con gran arrogancia, de reducir la pluralidad del mundo a un solo y omnicomprensivo mecanismo explicativo.

Texto original en: http://institutoprisma.org/joomla/images/NC/nueva%20cronica%20119.pdf


[1] Silvia Rivera es historiadora y una importan­te teórica indianista. Para elaborar esta refu­tación a sus ideas se ha revisado los siguientes textos: 1993. "La raíz: colonizadores y colonizados", en Xavier Albó y Raúl Barrios, Violencias en­cubiertas en Bolivia, La Paz, CIPCA. 2003. "Prefacio", en Oprimidos pero no venci­dos. Luchas del campesinado aymara y quechwa 1900-1980, La Paz, Aruwiyiri/Yachaywasi. 2013. "Del MNR a Evo Morales: disyuncio­nes del Estado colonial", en Nueva Crónica y Buen Gobierno 117, La Paz, segunda quincena de enero.

[2] La "república india" es una generalización realizada por los conquistadores que subsu-me y elimina las diferencias entre los indios realmente existentes. La versión de Rivera incluso ignora la orientación claramente pro-capitalista de muchos de ellos. La "cas­ta mestiza" no resulta menos artificial y ad hoc, como indica el hecho de que el vocablo "mestizo" no tenga validez más que después de 1952, ya que los grupos bolivianos do­minantes se llamaron, primero, "criollos", y luego "blancos".

11 de enero de 2013

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Antropologia Radio Podcast #17, La consulta Indigena en Bolivia

Otra vez volvemos al audio porque como ya dijimos, somos de la vieja escuela y nos gusta lo clásico.
En esta ocasión antropología radiofónicas vuelve con su número 16, para tratar el espinoso tema de la construcción de la carretera por el medio del TIPNIS, en específico para hablar de la PROPUESTA DE ANTEPROYECTO de la LEY MARCO DE CONSULTA, que no se corregirá para la posible introducción en el parque nacional Isibore Secure, sino también para casi todos los proyectos que intervengan de un modo u otro en su territorio.
Y sin mas el audio es el siguiente.
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Datos técnicos
  • Programa #17
Música
  • Álbum Shapeshifter
  • Interpretado por: The Ease Down
  • Tema:  Face the Day

30 de noviembre de 2012

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La docta ignorancia de la Dra. Alison Spedding

La Dra. Spedding ha presentado, el pasado 21 de marzo, un libro suyo titulado "Descolonización" (La Paz, ISEAT, 2011), cuya idea básica es "desentronizar" y, al parecer, de-construir la teoría poscolonial.

colonialismo Más allá de lo que se podría espe­rar de un título tan interesante, el libro abunda no sólo en una serie de lugares comunes, sino también en varios errores y despistes teóricos, políticos y epistemoló­gicos, a cuyo desvelamiento nos dedicamos en el presente artículo. Por razones de espacio, nos limi­tamos a exponer las equivoca­ciones más penosas.

Primer capítulo: La autora hace un salto brusco e incoherente del tratamiento de África (movimien­tos de liberación nacional) a la "crítica" del pos-colonialismo y no indica por qué o para qué es esta crítica. En general, el tratamiento del anticolonialismo es insuficiente, simplifica al extremo las heroicas luchas de los pueblos africanos.

La autora ignora la obra y el pen­samiento de los líderes africanos: Patrice Lumumba en el Congo, Kwame Nkrumah en Ghana, Félix Mumié en Camerún, Amílcar Cabral en Guinea-Bissau, Sékou Touré en Guinea, Jomo Kenyatta en Kenya, Agostinho Neto en Angola, entre muchos otros próceres africanos.

Los estudios postcoloniales han surgido en el período posterior a los combates anticoloniales; por tanto, es absolutamente necesario referir el desarrollo teórico y político de las luchas de descolo­nización de los pueblos del "tercer mundo".

Es también una falta muy grave ignorar el análisis teórico y político de la obra de F. Fanon, "santo patrón del poscolonialismo" (p. 44), una alusión por demás irónica. La autora se limita a mencionar Los Condenados de la Tierra y al pare­cer no conoce Sociología de una Revolución (México, Era, 1976), menos Por la Revolución Africana (México, FCE, 1975).

Es asimismo deficiente el trata­miento de E. Said, a quien hay que entenderlo como crítico y también como militante, cuyo compromiso político (como se sugiere en la p. 44) con la lucha del pueblo palestino contra la ocupación sionista e israelí es por demás característico. Ver, por ejemplo, Nuevas crónicas palesti­nas (Barcelona, Mondadori, 2003).

orientalism La comprensión de Said no puede ni debe limitarse a Orientalismo, al menos hay que considerar Cultura e Imperialismo (Barcelona, Anagrama, 1996) que si bien, en la p. 41, la autora nombra esta obra, lo hace a través de M. Mellino y en la bibliografía refiere el título en inglés.

La autora habla, en la p. 26, de los "Estudios subalternos" y, en la misma página, refiere "Otro pro­ducto de ellos (¿?), Stuart Hall"; es obvio que incurre en una muy grave confusión. S. Hall no tiene nada que ver con los subalternis-tas, él es uno de los fundadores de los estudios culturales en Birmingham. Para informarse sugiero leer Sin Garantías. Trayectorias y problemáticas en estudios culturales (Popayán, PUJ, IEP, UASB y Envión, 2010).

La relación, que la autora esta­blece, entre postmodernidad y postcolonialidad, p. 34ss, es sim­plista. Desde y a partir de América Latina (A.L.) hay necesidad de complejizar la comprensión de la post modernidad y la post colo-nialidad. Para ello sugiero revisar, por ejemplo, S. Castro-Gómez, "El poscolonialismo como teoría crítica de la sociedad globalizada", en: Pensar (en) los intersticios. Teoría y práctica de la crítica poscolonial (Bogotá, CEJA, 1999).

En resumen: el primer capítulo es superficial, insulso e insustancial y no da cuenta de la diversidad teórica y política del postcolo­nialismo.

Segundo capítulo: La autora banaliza, en la p. 43, la expansión colonial de Europa, "la única fina­lidad -dice- era tratar de ganar", cual si se tratara -escribe- de un mero juego, denotando con ello una concepción extremadamente simplista de la dominación moderno-colonial.

El debate esencialismo versus antiesencialismo (p. 44ss) es insul­so e insustancial, quién (a estas alturas) no entiende que la identi­dad es dinámica, es pues una obvie­dad obvia (valga la redundancia).

La autora afirma, en la p. 46, "muchos (¿?) autores escriben sobre los grupos sociales en términos tan esencialistas..." y no nombra un solo autor "esencia-lista". Como esta afirmación inconsistente e infundada hay muchas en el libro.

También alega, en la p. 48, que "falta un análisis de las especifici­dades del colonialismo francés". Me extraña que la autora desconoz­ca, entre muchas otras, la valiosa y productiva obra de F. Fanon.

En la misma p. 48, la autora compara el colonialismo francés con el británico y afirma que los británicos habrían intentado "tran­sar pacíficamente con los nacio­nalistas nativos" y cínicamente habla de "la aceptación caballe­resca británica", lo cual es absolu­tamente falso, basta ver la violen­cia genocida ejercida contra el pueblo de Kenya y la consiguiente rebelión de los Mau Mau (1952­56). Los británicos estaban acos­tumbrados a mantener el orden con métodos de violencia expedi­tiva, como eran los de bombardear y exterminar a los indígenas rebel­des. Sugiero leer, entre muchos otros, Un grano de trigo de Ngugi Wa Thiong'o (Madrid, Zanzíbar, 2006), un libro en el que el autor relata su infancia marcada por la guerra que emprendieron los movi­mientos anticoloniales contra el brutal dominio británico. Y para enterarnos de la violencia colonial en América latina y el Caribe ejercida por los "caballeros" ingle­ses basta leer el genial trabajo de

Eric Williams, Capitalismo y escla­vitud (Madrid, Traficantes de sueños, junio de 2011).

En la p. 49, la autora afirma "Se ha criticado a Foucault por ignorar totalmente a las colonias y el colo­nialismo en sus estudios", autorita­riamente falso. Para rastrear el modo en que Foucault piensa "las relaciones de colonización" y entiende el problema de la colonia-lidad hay que examinar la relación (que él establece) entre racismo y bio-política. Foucault introduce la siguiente reflexión: "El racismo va a desarrollarse, en primer lugar, con la colonización, es decir, con el genocidio colonizador" (Fou-cault, Defender la sociedad, México, 2001: 232) para explicar­nos que las colonias (fuera de las fronteras europeas) fueron uno de los laboratorios en los que se probó el racismo, entendido como estra­tegia de guerra y, más propiamen­te, como un dispositivo bio-político de guerra colonial.

En la p. 58, la autora habla de "contradicciones o puntos de deba­te. no todos ellos destacados en el artículo original de Spivak" ("¿Puede hablar el sujeto subalter­no?"), totalmente falso. Para reba­tir a Alison basta ver el propio libro de Spivak, Crítica de la razón pos-colonial (Madrid, Akal, 2010), que Alison cita en la bibliografía, pero al parecer no lo ha leído. Recomien­do la lectura del tercer capítulo, "Historia" (pp. 201-204), donde Spivak revisita su famoso ensayo.

En resumen: la autora continúa con las divagaciones del primer capítulo y no dice nada, decidida­mente nada del posicionamiento "descolonial" (título del capítulo).

Tercer capítulo: En la p. 70, la autora afirma: "los poscoloniales descartan los criterios convencio­nales de calidad literaria o acadé­mica", falso a más no poder, aquí -el capítulo está referido a América latina- la producción pos(de)colo-nial es rigurosa, podríamos citar un montón de libros contemporá­neos, pero por razones de espacio nos limitamos a mencionar dos libros de S. Castro-Gómez, La hybris del punto cero. Ciencia, raza e ilustración en la Nueva Granada (Bogotá, PUJ, 2005) e Historia de la gubernamentalidad (Bogotá, Siglo del Hombre, 2010).

En la p. 72, la autora alega haber revisado "la bibliografía sobre poscolonialismo y descolonización" y asevera que ha encontrado una "única referencia a Sudamérica", es evidente que lee poco o senci­llamente no lee. A propósito, aquí podríamos aplicar la propia fórmula de la autora, quien "en realidad sólo ha leído parte de la obra" pos-colonial, "sólo ha leído una peque­ña parte de la misma." (p. 50).

Más allá de las gratuitas alu­siones a G. Prakash o D. Chakra-barty, p. 73ss, que no correspon­den al capítulo, debiera consi­derarse cómo piensan América Latina los pensadores latinoame­ricanos y ahí, entre muchos otros, la lectura de la valiosa obra de S. Castro-Gómez, A. Escobar y E. Lander es primordial, pero que -al parecer- la autora no los conoce.

Es totalmente inútil la l arga digresión sobre el tío de la mina, p. 72ss, y no hay relación alguna con la "América latina poscolonial" (título del capítulo).

En la p. 78, la autora se pregun­ta, "¿por qué (America Latina) ha quedado fuera de los análisis poscoloniales?" y su explicación es muy frívola, no pasa de una serie de referencias bastante prosaicas (p. 79ss), como el tema de los ídolos. Por nuestra parte, nos limitamos a sugerir la lectura del excelente trabajo de P. Hulme, "La teoría poscolonial y la repre­sentación de la cultura en las Américas", en: Casa de las Américas, vol. XXXVI, No. 202.

La lectura que la autora hace de A. Quijano, p. 85, es también tri­vial, además de tratarlo, injurio­samente, de "anacrónico", y lo hace a partir de un solo artículo; la obra de Quijano es abundante y convendría considerarla en con­junto. Ver, p. ej. A. Quijano y Mejía (eds.), La cuestión descolonial (Lima, Universidad R. Palma, 2010).

En resumen, el contenido del capítulo no expresa el título del mismo ("América Latina poscolo-nial"), sino una mera extensión del anterior capítulo. Aquí es impres­cindible considerar la postcolo-nialidad estudiada por los pensa­dores latinoamericanos. Por ello sugiero leer, entre muchos otros, a S. Castro-Gómez y R. Grosfoguel (comps.), El giro decolonial (Bogo­tá, Instituto Pensar/IESCO, 2007); R. Grosfoguel y J. Romero (comps.), Pensar decolonial, Caracas, La Urbana, 2009; R. Grosfoguel y R. Almanza (comps.), Lugares descoloniales: espacios de inter­vención en las Américas, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana, 2012; y E. Restrepo y A. Rojas, Inflexión decolonial: fuentes, conceptos y cuestionamientos (Bogotá, Universidad de Cauca e Instituto Pensar, 2010).

Cuarto capítulo: En la p. 89, la autora atribuye a la perspectiva poscolonialista el "suponer que el 'colonialismo' siempre ha funcio­nado de la misma forma, con las mismas categorías y valuaciones", una atribución ciertamente tonta, quién podría pensar de una manera tan absurda, al igual que hablar de una "'indianidad' que se con­serva intocada a costa de todo" (p. 99) o de "una esencia inefable" (p. 100). Estas atribuciones resultan enormemente fastidiosas e impertinentes.

En la p. 90, la autora asigna, arbitrariamente, a Aguirre Beltrán (no citado en la bibliografía) la noción de "colonialismo interno", cuando el autor de tal noción es P. Gonzales Casanova en su famo­sa obra Sociología de la explo­tación (México, Siglo XXI, 1978).

A partir de una cita descontex-tualizada de N. Maldonado-Torres, p. 94, la autora reduce la desco­lonización a una mera indignación moral, cuando bien sabemos, des­de la obra de F. Fanon, P. Lumumba y K. N'Kruma, que la descoloniza­ción está vitalmente articulada con la lucha económica, política y cultural de los pueblos y naciones.

La autora afirma, en la p. 97, "Una postura difundida entre (los) activistas que apoyan la descolo­nización en Bolivia es que el femi­nismo en todos sus colores es otra imposición colonial", falso a más no poder, quién podría afirmar semejante necedad. La emancipa­ción/liberación de las mujeres es el núcleo de las luchas post (de)coloniales.

En la p. 99, la autora asevera "las identidades siempre en cons­trucción y no dadas de antemano ni naturales", cuál es la necesidad de referir u na obvi edad tan elemental.

La autora propone, en la p. 100, "incorporar la enseñanza en idio­mas nativas (sic)" en la universi­dad. La política de "incorporación" es propia del multiculturalismo neo-liberal.

La autora tiene graves confu­siones en relación con el indige­nismo (p. 108), indianismo y kata-rismo. Le sugiero leer el libro Historia, coyuntura y descoloni­zación (La Paz, Pukara, 2010).

Pensar -como lo hace la autora-la "integración cultural" a través de las telenovelas y la cumbia chicha (p. 111), es trivial e insigni­ficante, cuando no necio.

La autora dice que el centro o núcleo de irradiación política "ac­tualmente" está "pasando a Vene­zuela" (p. 112): llunk'erío puro.

La autora alude a la propuesta de reconstitución del Tawantin-suyu y dice que es "una utopía arcaica" (p. 118), habla exacta­mente igual que el neo-liberal M. Vargas Llosa.

La autora hace alusiones estric­tamente personales, p. 116, y dice que me he "autoproclamado" "descolonizado", jamás he dicho ni escrito semejante desbarro. Hay pues una evidente intención de denigrarme y -más aún- al atri­buirme, ladinamente, el ser "miem­bro del club indígena" (p. 117). Yo no soy indígena, soy qulla.

A propósito de "las arrugas de los abuelos", la autora confunde maliciosamente la metáfora con la descripción (p. 117). No obstante, es evidente que aquí, en los Andes, emerge u n horizonte epistémico radicalmente distinto del logo-cen tri smo m odern o occidental, que ya se prefigura en el propio advenimiento del pacha­kuti y el consiguiente retorno de las wak'as.

A propósito, la propuesta desco­lonizadora de la autora es ridícula, se limita a la "re-interpretación de la historia de los Andes" (p. 104), es decir a un mero ejercicio acadé­mico, que no va más allá del tradi­cional "revisionismo", ya superado por la propia acción del pueblo.

No obstante, estoy de acuerdo con que la obra de F. Patzi es evi­dentemente "insustancial" (p. 103).También estoy de acuerdo con que la obra de Yampara es una serie desordenada de "diva­gaciones" e "interpretaciones forzadas", además de "un galima­tías de misticismo mal digerido y pretensión seudo intelectual" (p.

116).

Igualmente estoy de acuerdo con que "descolonizar no es simple­mente poner la colonia al revés" (p. 104). Pero, no creo que alguien, medianamente sensato, pueda proponer "seguir siendo 'indígenas' eternamente diferen­ciados de los 'occidentales'". La alternativa no es la segregación, pero tampoco la inclusión, sino más bien la reconstitución política, cultural y territorial de los pueblos y comunidades andinas.

Reflexiones propositivas: Los pensadores latinoamericanos asu­men crítica y creativamente el poscolonialismo y proponen la decolonialidad. Este proceso teórico y político es ignorado por la autora.

Hablar de descolonización impli­ca, necesariamente, develar las condiciones materiales y simbóli­cas: económicas, políticas y cultu­rales de la persistencia del colo­nialismo en Bolivia, una tarea pávidamente eludida por la autora.

La autora ignora, discriminato­riamente, los debates anticolo­niales del movimiento indianista y katarista. En Bolivia el debate de la descolonización se intensifica desde y a partir de la insurgencia contemporánea de los pueblos andinos: aymara y quechua.

El proceso de descolonización implica la crítica de las políticas del poder hoy imperante en Bolivia, tales como la propuesta supues­tamente despatriarcalizadora del gobierno; más aún después de los grotescos matrimonios colectivos, nada más colonial y opresivo, una tarea sospechosamente rehuida por la autora.

El proceso descolonizador emerge de las luchas de los pueblos, tales como la insurgencia aymara (que se desata a partir del 2000) y la revuelta de las comunidades de tierras bajas, especialmente del TIPNIS, violentamente reprimidas en Chaparina por el gobierno del presidente Evo e insolentemente justificada por Alison (ver Ideas de Página Siete, 16 de octubre de 2011, p. 10).

Articulo original de: José Luis Saavedra; Publicado en Pukara #75

12 de noviembre de 2012

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Reciprocidad complementaria, una categoría mental andina.

Articulo original de: Xavier Albó[i]

Exposición presentada al II Congreso de lenguas

nacionales, Cochabamba. Julio de 1974

Memoria del Segundo Congreso de Lenguas Nacionales.

Documentos número 12

Departamento de lingüística

Cochabamba julio 1974 (edición original

facsimilar)

18741_Reciprocidad Aunque sólo sea en forma esquemática, en este trabajo quiero simplificar con un caso concreto un tipo de análisis que parece importante con miras a la labor educativa, promocional, etc., que debe desenvolverse a través de contactos interculturales entre el hombre andino del campo, quechua o aymara, y el hombre occidentalizado de la ciudad. Me refiero al análisis de “categorías semánticas” o postulados lingüísticos-culturales. Se trata de temas reiterativos pero que fácilmente pasan desapercibidos al que sólo se fija en el sentido superficial de las palabras y las cosas, por lo que muchas veces son también objeto de malentendidos en los contactos entre los grupos de diversa cultura. Es un tipo de análisis que inició Whorí hace tiempo (Carroll ed. 1956), pero que sólo Hardman (1972) ha aplicado al mundo andino.

Un punto importante para el tipo de análisis aquí propuesto es lograr detectar algún aspecto que parezca una y otra vez bajo diversos ropajes. Es decir, algún aspecto que no sea exclusivamente lingüístico, sino que se repita también en otras circunstancias de la vida ordinaria y en varias esferas de la cultura. En este sentido, cabe interrogar en el análisis de los aspectos más lingüísticos o “postulados” a que se refería Whorf en Haedman, y también los aspectos más etnológicos a los que se refería Opler (1945) al hablar de los “temas” de una determinada cultura. En el caso que aquí nos ocupa, hemos seleccionado una categoría que parece en forma repetida al menos a nivel de distinciones sociales, a nivel lingüístico-semántico, y a nivel simbólico ritual.

El ejemplo escogido, la reciprocidad complementaria, se refiera un tema frecuente en el hombre andino: “A exige B y a su vez B exige A” o bien a un nivel de mutua igualdad o equivalencia o también y sobre todo al de mutua complementariedad.

Si este estudio se hiciera con un enfoque etnohistórico para ver qué fue de la reciprocidad complementaria, en la época del máximo esplendor y autenticidad de la cultura andina encontraríamos sin duda mucha más riqueza de aplicaciones del tema de diversas situaciones de la vida ordinaria, y también mucha más riqueza de matices. En la actualidad estamos ante una cultura oprimida, subordinada a otra remoldeada bajo muchos aspectos debido a la necesidad de acomodarse a una situación de dependencia con respecto a esta otra cultura dominante de tipo hispano-criolla y occidental.

Por lo mismo, el sentido de reciprocidad y de complementación ha quedado actualmente algo disminuido y han pasado por una serie de adaptaciones a la nueva situación, presentando incluso síntomas de descomposición en determinadas circunstancias. De todos modos, el análisis contemporáneo nos mostrará que se trata de una categoría aún muy viva y digna de ser tenida en cuenta en muchas regiones y contextos.

1. Instituciones sociales de reciprocidad complementaria.

Empecemos, el análisis a partir de un conjunto de actividades propias de la vida diaria. Se trata de las formas institucionalizadas para intercambiar bienes o energías entre individuos, familias, u otros grupos más grandes. El caso más frecuente es el intercambio entre familias. Me limitaré a enunciar varios casos detectados contemporáneamente, sobre todo en el mundo en mar a lo largo de un estudio más ambicioso (Albó, en preparación).

a) Yanapa.- Literalmente, ayuda. Es la relación al nivel más íntimo entre las familias más vinculadas por parentesco real o virtual. Hay que dar la siempre que se solicita. Se da por supuesta, que no exige una reciprocidad estricta.

b) Ayni.- Es el nombre genérico más común en el mundo y mala y quechua para designar un tipo de intercambio que exige reciprocidad estricta. Suele llevarse contabilidad de aynis prestados o recibidos.

Ciertos tipos de aynis ocurren en casi todas partes. Por ejemplo, en trabajos agrícolas, el intercambio de regalos o ayudas en alimentos, bebidas, etc., Con ocasión de matrimonios, presterios, al construir casa nueva etc. Otros aynis, por ejemplo para prestarse plata o para cumplir cargos comunitarios, han empezado a perderse en algunas regiones, sobre todo en aquellas en las que se está introduciendo sistemas económicos o políticos más occidentales[1]. Finalmente hay unas pocas regiones que aún mencionan aynis por motivos de peleas o venganzas.

Es difícil establecer frecuencia de ayni. Muchos dicen que ahora está perdiendo fuerza y que es preferible hacer arreglos de tipo más transnacional, a base de pagar jornales, sin una ulterior obligación de reciprocidad. Pero en la práctica el aynis se sigue practicando habitualmente. Un informante de Yungas, zona de fuerte impacto de la economía moderna de mercado y caracterizada por su menor tradicionalismo, me hizo una estimación de que a lo largo del año habría hecho más de un centenar de aynis y había recibido también más de 100 aynis de otra gente.

c) Mink’a.- Es el tercer tipo generalizado de ayuda. A diferencia del anterior, el pago no sé exactamente en el mismo tipo de servicio, al cual exigiría demoren el tiempo, sino inmediatamente en el momento de recibir el servicio, con lo que se tiene más a la mano, por ejemplo el producto que se está cosechando. Por ello la Mink’a se parece más al salario de tipo moderno. Pero la forma de pago no suele ser en metálico sino en especie, por ejemplo con el mismo producto que se está cosechando, y suele implicar comida para el que está ayudando con Mink’a. También suele llamarse Mink’a al “sustituto” que acude a un trabajo en vez del que debería hacerlo a cambio de algún tipo de pago.

b) Sataqa o sathaqa (tarpuqa entre quechuas).- Es otra forma también muy generalizada. El propietario de algún terreno entrega algún surco a otro individuo. El propietario es que también pone la semilla y el trabajo. El beneficiario simplemente lo cosecha con todo hay también casos en que el beneficiario pone su semilla y/o su trabajo. Ello depende en parte de la función concreta de cada Sataqa.

La Sataqa puede ser simplemente una manera de manifestar amistad a un familiar, o a un huésped. O también puede ser manera de entrenar a un hijo menor para su vida de adulto. En otros casos es la manera de distribuir alguna ayuda quizás en la propia siembra. Finalmente es una forma de dar acceso a algo de tierra a los que no la tienen (ver Carter 1964:50). Fuera de los primeros casos, la Sataqa introduce algunos tipos de reciprocidad entre los que no son del todo iguales, quizás por no tener tierras en igual cantidad.

c) Chiki.- Se parece a la Sataqa, pero sólo se conocen algunas regiones del lago Titícaca, tanto en el lado peruano como boliviano. Suele haber algunas variaciones entre Sataqa y chiki, en cuanto a la cantidad de terreno implicada. En Larecaja (Quiabaya) y Yungas (Coripata) el chiki puede llegar a ser el préstamo de una parcela al que no tiene, sin otra mayor obligación por parte del último, excepto ayudar alguna vez en forma más o menos voluntaria al donante.

f) Uñaqa

g) Qhatichi.- Son otros modos locales de la misma relación de intercambio.

h) Waki.- Esta institución se conoce en el mundo y mar, con excepción de Yungas, del Norte Potosí y de muchas partes de Oruro. Su sentido más corriente es de un intercambio de tierra y semilla --una especie de arreglo de campaña o al partir-- pero en pequeñas cantidades. El caso típico ocurre cuando un individuo se encuentra con que su semilla no le alcanza para el terreno que ya había preparado, y en cambio otro individuo se encuentra con que tenía más semilla del que cabía en el terreno que había preparado. Entonces los dos se ponen de acuerdo y siembra la semilla del primero en el terreno del segundo a diferencia de lo que sucede en los contratos criollos de compañía, en el waki tanto el dueño del terreno como el dueño del producto realizan juntos todos los trabajos, y al final se reparten la cosecha. Para garantizar la equidad del reparto se asignan surcos alternos a cada uno.

Para Bertonio huaque (waki) es “parte, porción, precio, mérito”; y el verbo correspondiente es “concertar de hacer algo… juntos; venir el justo”. Por otra parte en algunas partes del Perú waque es el nombre local de ayni.

i) Medieros.- Por muchas partes de Oruro excepto al norte, cerca de la paz, no se practica el waki, quizás por haber poca agricultura. Pero en estas regiones eminentemente ganaderas y viajeras se conoce un arreglo de mediero con otro individuo, de modo que la mitad de la carga sea del dueño de las llamas y la otra mitad sea del otro. Cuando este último viaje hará otro tanto.

j) Manqharuña.- Es otro arreglo propio de ganaderos por orureños. Un individuo tiene una cría que se le muere. Entonces la entrega a otro individuo quien se la come, y a cambio al cabo de un año entre otras cría viva al primero. Este intercambio suele hacerse para ayudar al incremento de los rebaños de los individuos más pobres en ganado: el que tiene más ganado asume la muerte de una cría del que tiene menos ganado, como si fuera su propia cría.

k) Awatir jaytata.- Literalmente, “dejar a uno como pastor”. Debido a la esterilidad del suelo, el orureños es eminentemente yesero. Con frecuencia debe ausentarse. Entonces deja otro encargado de sus terrenos, ganados, etc. Con todas las ventajas y también con todas las obligaciones comunitarias, etcétera. Arreglos semejantes, con otros nombres, se dan en otras partes.

l) Trueque.- Aparentemente el trueque, conocido en todas partes, es una mera transacción comercial en la que se utilizan productos, en vez de dinero por ser éste muy escaso. Esta es sin duda la función principal del trueque. Por eso hay tarifas bastante bien establecidas sobre qué cantidades deben intercambiarse en cada caso. Sin embargo a raíz del trueque surgen muchas otras relaciones de intercambio, vínculos interfamiliares, regalos, etc.

m) Umaraqa.- Esta institución se encuentra sobre todo en la parte sur de La Paz y norte de Oruro. Por la provincia Inquisivi (Colquiri, Qhawari) se indica que era (antes más que ahora) un trabajo colectivo agrícola rotativo. Todos juntos empezaban a trabajar en una casa de una familia, la cual obsequiaba buena cantidad de comida y bebida, y después el grupo iba pasando de casa en casa en fechas ulteriores, hasta que todas las familias habían recibido la ayuda de todos.

n) Chuqu.- Propio del Norte Potosí. Se parece a la umaraqa por la forma en la que todos van a ayudar rotativamente a una y otra familia.

En los últimos ejemplos se ve como algunas formas de reciprocidad acumulativa entre muchos van generando poco a poco el esquema de trabajo colectivo y sentido comunitario de grupos más amplios.

En este punto donde la reciprocidad se encuentra con otro concepto muy andino, el de mit’a o turno por rotación, en el que se basa la igualdad de oportunidades y de inoportunidades al estilo andino.

La vigencia de este esquema andino ha penetrado también las esferas criollas. Por ejemplo en el conocido sistema de pasanaku (puesta en común de los fondos de varios para que una forma rotativa los utilicen como crédito cada uno de los asociados) se descubren elementos como la de Umaraka, el chuku y la mit’a.

2. Reciprocidad complementaria al nivel lingüístico.

Si es cierto que la reciprocidad juega un papel importante en la vida del hombre andino, es de esperar que este hecho encuentre también alguna expresión a nivel lingüístico incluso a nivel estructural[2].

Lo primero que constatamos es que la reciprocidad estricta no queda reflejada en ninguna partícula o categoría gramatical obligatoria, como sería por ejemplo una partícula que obligará a diseccionar las acciones verbales entre recíprocas y no recíprocas[3].

En quechua se da la combinación –naku para formar determinados matrices recíprocos del verbo (como maqañakuy, pelearse entre sí, en el mismo quechismo pasanaku). En aymaras en cambio, no hay ninguna combinación especial de partículas para dar inequívocamente este matriz recíproco. En dicha lengua simplemente se utiliza el sufijo –si, propio del reflexivo en general (Ejem. Nuwasiña, pelearse). Es incluso probable que en el caso del quechua se trate simplemente de la combinación del normalizador –na más el reflexivo de provecho –ku[4]. En tal caso tampoco el quechua tendría marcador especial, y menos obligatorio, de la reciprocidad. Pero este hecho a primera vista contradictorio a nuestras expectativas, en el fondo quizás las confirma: la reciprocidad es algo obvio, que no necesita ser subsanada a través de categorías gramaticales muy explícitas. Por otra parte no debemos olvidar que el matiz de complementariedad es esencial en la categoría mental que aquí nos ocupa.

Si lo anterior es cierto, lo que deberíamos buscar serían construcciones gramaticales o semánticas en las que más bien se dé por supuesto cierta situación estructural de reciprocidad complementaria estructural Este punto más a fondo exigiría un estudio más completo de todos modos indicó aquí algunos aspectos que pueden arrojar luz en esta dirección.

a) Radicales intrínsecos recíprocos.

Al analizar el léxico tanto del quechua como del aymaras nos encontramos con un grupo de vocablos que, a diferencia de lo que sucede en otras lenguas como el castellano, significan en sí mismos una acción de tipo recíproco, complementario y que se entienden en uno u otro sentido de acuerdo al régimen de su hijo que se le añade. He aquí algunos ejemplos:

Manu- pedir/prestar dinero (Q y Ay)

Maña- pedir/prestar objetos, etc. (Q)

Mayi- id. (ay)

Ala- Comprar/vender (aymara)

Ranti- id (q) ahora sea perdido la reciprocidad al introducirse el préstamo castellano “vende-”

Ayni- ayudarse mutuamente; discutir/replicar (A y Ay); podrían añadirse aquí los verbos relacionados con las instituciones descritas en la sección precedente.

De todos modos, existen también radicales en los que habría y cabido esperar el mismo fenómeno, pero éste no ocurre. Por ejemplo los verbos para “dar” y “recibir” son distintos tanto en el caso del quechua como del aymara.

b) El doble referente personal en los verbos.

Quizás más significativo es el hecho, que ocurre tanto en el que ésta como ni aymara. De que como norma general en las acciones verbales hay que expresar tanto la persona agente, como la persona recipiente de la acción, excepto en el caso de los verbos plenamente intransitivo. Incluso cuando los verbos no son coercitivos pero también un recipiente indirecto de la acción éste se expresa[5].

Dicho en otras palabras, cuando el tipo de acción verbal lo permite la presunción es que hay cierta complementariedad que debe ser explícitamente mencionada. Es lo que Hardman (1972:45) ha expresado de la siguiente manera:

resulta así que todo verbo aymara (y podríamos añadir nosotros, quechua) es interacciónal; por lo menos implica dos personas gramaticales, y a menudo más personas mediante otro sus hijos de complementos más complejos”XXXXXXX

Este hecho puede ayudarnos a entender la importancia que tiene el factor de “complementariedad” y lo que hemos llamado la reciprocidad andina.

c) Creaciones duales mutuamente complementarias.

Al nivel sintáctico de la creación compuesta y del análisis del párrafo hay otro hecho que apunta a lo mismo, sobre todo en el lenguaje hablado. Son muy frecuentes las oraciones emparejadas de dos en dos, de modo que una de ellas ordinariamente la primera, presente una situación que “ posibilita” la situación de la oración principal.

Ello sucede muchas veces a través de una simple yuxtaposición de dos creaciones en verbo principal, en las que se incluye un enlace como –qa, chay- o chus en el caso del quechua y –jja, del aymara.

He aquí un ejemplo:

Uj runa tiuakushan, chayman risun

Mä jaqui qunuskix, ukharuw sarañani.

Un hombre está sentado allí vayamos= vayamos allí donde hay un hombre sentado

(Quechua)

(Aymara)

(Castellano)

En el caso del quechua Este sistema de oraciones duales ha quedado más desarrollado sobre todo a través del doble gerundio impersonal (-spa) y personal (-jti)[6]. Técnicamente se trata de normalizadores del verbo, y se utilizan en aquellos casos en que la acción del verbo así modificado cumple una función adverbial con relación a la acción de su verbo principal. Pero si de esta estructura lingüística de superficie nos adentramos hacia la estructura semántica subyacente, es posible que estemos ante una nueva manifestación de la categoría mental de reciprocidad-complementaria. Veamos por ejemplo la siguiente copla navideña, típica del valle cochabambino. (Lara 1956).

Ama waqaychu niñituy

Mamayki ñuñuchisunqa

Mamayky ñuñuchisujtin

Serafines k’anchasunqa

Serafines k’anchasujtin

Angeles kuyuchisunqa

Angeles kuyuchisujtin … etc.

No llores, niño mío

tu madre que va a dar el pecho

al dar el pecho tu madre

los serafines te alumbrarán

al alumbrarte los serafines

los ángeles temen serán

al mecerte los ángeles, … etc.

Al hacer un análisis morfológico y etimológico de –jti- descubrimos nuevos elementos iluminadores: se trata en realidad de un sufijo compuesto a su vez del participio agente –j- y de otro elemento que, de acuerdo a su significado más generalizado, podríamos llamar el “simulataneador” –ti- Este último no sólo ocurre en verbos en aparejados, sino también en nombres aparejados he aquí algunos ejemplos:

Pana turantin (literal) el hermano y su hermana; se dice de los matrimonios entre (primos) hermanos.

Q’ayantin (literal): su mañana más; es decir el día siguiente al día del que se está hablando en el contexto.

Papa wayk’uta llajwantinta apamusaj. (Literal) trae las papas cocidas con su llajua más (como su complemento natural)… y el siguiente, sacado de los antiguos diccionarios coloniales:

Yanantin par de dos cosas iguales (Domingo de Santo 1951).

Yanantin yanatillan dos cosas hermanadas (González Holguín).

En todos estos casos se trata de aparejamiento de dos elementos de modo que ambos aparecen unificados en una sola forma complementaria, como conformando parte de 1 U más o menos dual.

Por este camino el análisis primordialmente lingüístico nos ha ido llevando cada vez más al terreno de la estructuración semántica terreno al que también podemos llegar a partir de otra perspectiva, de los símbolos andinos.

3. Reciprocidad complementaria al nivel simbólico.

Tristán Platt ha visto sumarizado en el concepto de yanantin arriba mencionado el tema clave de la estructura simbólica de los campesinos de la región de Macha (norte de Potosí) con los que ha convivido varios años: el universo queda dividido en dualidades simétricas que se exigen y complementan mutuamente.

Según el y otros investigadores, el modelo subyacente a toda esta concepción es probablemente el de la dualidad recíproca y complementaria del hombre/mujer: las dualidades chacha/warmi (aymara) o qhari/warmi (quechua) están en muchos recovecos de la estructura simbólica del hombre andino[7]. El sol es padre y la luna es madre; al firmamento masculino corresponde la Pachamama o “madre” tierra; para la salud, o para la construcción o para la fertilidad del suelo hay que procurar emparejar elementos “fuertes” de tipo masculino con elementos “pasivos pero resistentes” de tipo femenino; se establece una reciprocidad análoga también complementaria entre la Puna y los valles, entre la pampa y el cerro; etc.

También los cuentos podrían analizarse desde una perspectiva semejante. El zorro Antonio parece que no puede vivir sin la compañía de su contraparte débil su “compadre” o su “sobrino” conejo o perdiz, u otro, según las regiones. Se hacen la burla y se engañan el uno al otro, pero al mismo tiempo también se exigen mutuamente. El más fuerte al ser cuestionado por el más débil se debilita, mientras que el débil se fortalece, pero siguiendo constantemente el jaque entre las acechanzas del fuerte. Lo mismo podría pensarse de otras series como la del cóndor/zorro o del cóndor/logro, que reflejan a su vez la reciprocidad cerro/pampa y puna/valle, etcétera.

Una tercera esfera en la que suele expresarse la estructura simbólica de cualquier sociedad es el mundo ritual. Nuevamente aquí nos encontramos con elementos a disposición de elementos que nos recuerdan la idea de reciprocidad complementaria. Con mucha frecuencia en el centro de la mesa ceremonial se coloca un par de botellas -marido y mujer- a partir de las cuales se desarrolla ritual. Si fuera una sola seria “ch’ulla”, como es tuya el que tiene un solo ojo cuando debería tener dos (Platt). En general las relaciones con el mundo sobrenatural en casi todo ritual toman la forma de una especie de reciprocidad: se hacen ofrendas a un ser sobrenatural, para que éste a su vez corresponda también con sus dones y bendiciones; se da comida la madre tierra para que ella brinde también a su devoto los bienes que tanto necesita para alimentarse. Finalmente las relaciones entre los grupos humanos que participan en el ritual también toman con frecuencia esta figura de estos rituales surgen las alianzas más fuertes entre grupos, que son la unión matrimonial del tipo compadrazgo. Alianzas que se caracterizan por todo un sistema de muchos favores y correspondencia a favores, dependencias y contra dependencias. Incluso en ceremonias rituales más amplias, como por ejemplo las fiestas patronales, surgen relaciones comparables. Se hacen y devuelven visitas entre comunidades, incluso con aynis de grupos musicales o de danzantes; se institucionalizan en algunos lugares los conflictos de tipo ritual, como el tinku, en el que a través de la oposición violenta entre los grupos o a ellos, se expresa mutua eficiencia y la “unión de contrarios”, etc.

4. Conclusión.

Este breve trabajo no ha pretendido más que esbozar el terreno para un análisis que requerirá muchos más elementos. No ha pretendido más que señalar una ruta y algunos mojones de un mapa que aún está por trazarse, incluso dentro del tema de la reciprocidad-complementaria al que me he limitado. Para el análisis fuera suficiente, habría que desmenuzar muchos elementos simplemente enumerados. Habría también que añadir otros elementos que ni siquiera hemos tocado. Por ejemplo los nexos del tema en otras áreas de actividad como el mundo político de las decisiones comunitarias. Tan bien habría que hacer un poco de labor de “abogado del diablo”, buscando contra ejemplos. Que parezcan de ese desmoronar la hipótesis de que la reciprocidad-complementaria es un tema o categoría mental importante en el hombre andino. Dada la situación de ambigüedad cultural en la que se mueve el quechua y el aymara actual, no es difícil encontrar estos contra ejemplos. Pero entonces habría que encuadrarlo en el contexto total. Quizás llegaríamos a la conclusión de que el hombre del Ande se mueve entre dolores de parto: acostumbrado a organizar su universo de una manera, se vio obligado por las circunstancias de integración nacional y continental a irlo dicotomísando de otra. A su desigualdad asimétrica, dejándole a él -por supuesto- en la parte íntima y desagradable de dicha asimetría.

¿Quiere decir todo ello que es imposible una tercera vía que busque coordinar la cosmovisión andina y las cosmovisiones nuevas que impone la “civilización”?

Si ambas se toman de modo estático, como algo ya consumado e intocable, esta tercera vía sería ciertamente imposible. Pero si se considera la cultura occidental como algo también flexible, no dogmático por ser lo “nuestro” y lo “moderno” tal vez quepa este nuevo camino. En el caso que nos ocupa, si el mundo occidental se mueve del individualismo desenfrenado hacia nuevas formas de cooperación solidaria, ¿Por qué no esforzarse en buscar atajos para aquel sentido de reciprocidad complementaria se cuelen las nuevas sociedades que buscamos sin tener que pasar por la posición antitética de individualismos ya superados?

Dentro del carácter pragmático de este trabajo quisiera ubicar algunos otros temas que, debidamente desmenuzados, quizás podría llevarnos a descubrir otras constantes o categorías mentales en la que el campesino actual y el hombre de la ciudad no logran entenderse por partir de diversos esquemas organizativos del universo.

Están ante todos los postulados sugeridos por Hardman a propósito del aymara-jaqaru. Posiblemente algunos de ellos son igualmente válidos para el quechua. De todos modos, antes de dar a estos postulados mayores pretensiones de las que realmente tienen, habría que tener en cuenta una observación: se trata de postulados ante todo lingüísticos. Por lo mismo en algunos puntos se puede reflejar en categorías mentales que tenían más fuerza en el pasado, pero que poco a poco han quedado sólo como reliquias, sin mayor repercusión en el resto de la actividad. el postulado acerca de la poca importancia del plural por ejemplo tal vez esté sufriendo este receso en algunas regiones más céntricas.

Otro punto que merece un análisis más detenido es el tan repetido sentido de lo concreto propio del campesino quechua y aymara. Como tantos otros casos, no se trata de algo innato en la cultura, sino de un resultado del ambiente socio-económico en que está se está desarrollando actualmente. Como cualquier otra lengua el techo y el aymara tienen mecanismos de abstracción y generalización, capaces de una productividad ilimitada. Pero el hecho es que por las circunstancias indicadas estos mecanismos son poco utilizados. Por lo mismo resulta importante ver los mecanismos prácticos a través de los cuales se realiza la transformación hacia lo concreto. Este es un campo vastísima. Requiere el análisis del proceso mental en el que se trasmite y asimilan ideas, más allá de la oración e incluso de todo el párrafo probablemente este análisis nos llevará la conclusión de que este proceso es en la actualidad de orden más cíclico-progresivo que lógico-progresivo, conclusión importante en la elaboración de materiales educativos sobre todo asistemáticos: las ideas y asimilan más por repetición, en la que cada vez se descubren más elementos nuevos y su lógica interna, que por raciocinio se escalonados. Dentro del tema de lo concreto también podría estudiarse el papel que juegan los ejemplos vividos, la casuística, la personificación de los elementos naturales, etc., etc.

Un tercer campo lleno de posibilidades pero nada fácil de analizar es el de la estructura simbólica en general. En las páginas anteriores simplemente he apuntado como algunos aspectos del tema reciprocidad-complementaria dentro de la estructura simbólica. Pero en ésta y muchos otros aspectos dignos de ser estudiados. Amablemente los personajes estructurados de los cuentos y mitos y los elementos recurrentes de los ritos, podrían dar lugar a interesantes test de proyección y, a través de ellos, descubrir temas o preocupaciones prioritarias, etc. Por ejemplo los cuentos de Antonio a los que he referido antes, pueden ser una expresión de toda la psicología del oprimido, en la que no cabe otro triunfo que el del engaño. Tengo la impresión de que en estos análisis de la estructura simbólica una metodología excesivamente estructuralista y estática al estilo Levi-Strauss[8] no sería el mejor enfoque: no tiene suficientemente en cuenta las variables ambientales que explican el porqué de muchos detalles y variantes locales: por tanto no se llega a comprender al hombre andino actual, aunque quizás aporte elementos importantes para entender lo que quizás fue el hombre andino de antaño. Con tal de que se añada mayor rigor al análisis, deberíamos también tener en cuenta enfoques como el de Carvalho-Neto (1973) en su reciente estudio sobre el folklore de las luchas sociales.

Hay muchos más aspectos que tendrían que tenerse en cuenta. Al nivel de mera enumeración surgieron los siguientes ejemplos: el tema de los “limitativos” el “no más”, que afirman las cosas con moderación y sin compromiso ilimitado, visible en la frecuencia del –lla o –chá en quechua y el el-ki y –chi en aymara: el tema de lo “íntimo” sobre todo entre los quechuas, visible en la abundancia de partículas (disminutivo, -ri, -pu- persona, -lla, etc.) relacionadas con esta idea; toda la concepción subjetiva de las medidas en contraste con los sistemas occidentales de tipo más objetivo; en esta misma línea, la concepción del tiempo, en que tantos malentendidos e implicancias produce a los forasteros que trabajan en el campo[9], etc. etc.

antes de acabar quiero subrayar una vez más punto que he insinuado varias veces. Cuando hablo de categorías mentales del hombre andino insisto en que hablo del hombre actual que vive en el campo. Dicho de otra manera no creo la existencia de categorías andinas por definición, que persisten y variadas a través del espacio y del tiempo. Sin duda ha habido maneras de ver el mundo que han cristalizado más que otras desde tiempos antiguos; algunas de ellas vienen hasta cierto punto impuestas no sólo por la tradición transmitida sino también por el propio paisaje y sus condicionamientos. Pero para entender al quechua y al aymara de hoy hay otros elementos nuevos que varían según las épocas y lugares y que son un tanto o más importantes como los típicamente andinos. Muchos de ellos vienen impuestos por las estructuras sociales y económicas en que se hallan sumergidos el hombre de hoy. A través de ellas incluso elementos y temas típicamente andinos quedan reinterpretados en formas muy distintas de las originales. Por ejemplo, la reciprocidad complementaria puede irse transformando en dependencias simétrica inevitable, como sucedido en muchos casos de compadrazgo vertical o de faenas poco a poco transformadas en trabajo gratuito para el patrón o la autoridad. Todos estos elementos variables deben ser también objetos de estudio si realmente queremos lograr comprender al hombre de hoy para ayudarlo mejor.

La Paz, junio 1974.

Bibliografía

· Albó, Xavier (en preparación). “La paradoja aymara; solidaridad y fraccionalismo” (aparecerá) Estudios Andinos #11.

· Bertonio, Ludovico (1956 (1612)) Vocabulario de la lengua aymara. (edición facsimilar, municipalidad de La Paz).

· Carrol, John B. (1956) Languge, Thought, and reality: selected writings of Benjamin Lee Whorí. N.Y. and Londod: MIT and Willey & Sons.

· Carter, William (1967) Comunidades aymaras y reforma agraria en Bolivia. México: Instituto indigenista interamericano.

· Carvalho-Nerto, Paulo (1973) El folklore de las luchas sociales. México D.F: Siglo XXI

· Domingo de Santo T. (1951 (1560)) Lexicon o vocabulario de la lengua general del Perú. Valladolid. (Edición facsimilar, Lima 1951)

· Hardman, Martha (1972) “Postulados lingüísticos del idioma aymara” en Alberto Escobar, editor. El reto del multilingüismo en el Perú. Lima: Instituto de estudios peruanos. Pp. 35-45.

· Lara Jesús (1956) Poesía popular quechua. La Paz –Cochabamba: Canata.

· Opler. Morris E. (1945) “The symbolic structure of andean society” Universidad del Norte, arica, Chile. (Manuscrito)


[1] nota del editor: estos sistemas se refieren a los sindicatos que estaban sobre poniéndose a los sistemas originarios de la organización de la desigualdad.

[2] no se exige como todo de ahí que todo lo que tenga una fuerte expresión estructural al nivel lingüístico merezca ya por sólo ello el apelativo de categoría mental propia de dicho grupo. Este hecho debe coincidir con toda una serie de constataciones de la importancia del hecho en otras esferas de la vida diaria. Así por ejemplo el hecho de que el sistema y mala muestre cierta dependencia del número seis no tiene ya actualmente suficiente con relación en la vida diaria (excepto huellas es muy histórica de la importancia del seis y del 12 en la antigua organización social y ritual)

[3] un ejemplo de categoría obligatoria es la que crea la necesidad de distinguir entre masculino y femenino en el caso de todos los nombres en el idioma castellano.

[4] Pedro plaza es quien ha hecho caer en la cuenta de este análisis. Nótese que el niminalizaror –na puede también incluir un sentido grupal: rina, vayamos)

[5] la aparente excepción en el caso de la tercera persona, que no suele expresarse, deja de serlo si se tiene en cuenta que, como en muchas otras lagunas, esta tercera persona en en realidad la categoría personal “neutra”, es decir, la que se da por expuesta cuando no hay necesidad de señalar ninguna persona en concreto y que, por tanto no necesita una señalización morfológica especial. Éste se ve más claramente en el caso del techo, donde esta tercera persona se forma o sin la adición de ningún sufijo, o con la adición de una simple –n, la cual en muchos aspectos de la morfología quechua es un simple elemento eufónico de relleno.

[6] los gerundio es equivalente del aymara –sasa, -sisa. E –ipana no parecen tener una frecuencia y productividad tan elevada como en el caso del quechua, ante su estructura sin táctica es muy elevada: los dos primeros equivalen al quechua –sapa.

[7] los valles de Cochabamba y hasta cierto punto los de Titícaca manifiestan en este punto un mayor en pobre crecimiento en su simbolismo y sobre todo en sus expresiones rituales, para las que depende en buena parte de los “laris” y “tatalitus” que en la estación seca acuden desde el altiplano para cambiar productos propios de los valles por la sal, el sueño y los frutos de la puna.

[8] esta crítica la extendería a los recientes intentos hechos por Ossio y Ortiz dentro del área cultural andina. De todos modos es más importante el hecho de que estos autores hayan sido pioneros en desbrozar un terreno aún virgen.

[9] sobre el tema del tiempo los andes ha habido recientemente un simposio en New Orleans, organizado por Leslie Ann Broensigg. (Nota del editor: un simposio realizado entre 1970 y 1973)


[i] Este texto fue transcrito de su edición facsimilar por Néstor Araujo Mamani. 7 noviembre 2012. Publicado originalmente en http://antradio-pod.blogspot.com